Carnosina y los efectos anti-cancerigenos

Las propiedades anti-cancerígenas de la carnosina se han observado desde hace unos treinta años. La carnosina previene el daño del ADN que puede producir un cambio en las células sanas y convertirlas en las cancerígenas. La carnosina inhibe el crecimiento del tumor e impide el desarrollo de metástasis ya existentes hasta el punto de convertirlas en un tejido sano.

La carnosina reduce los niveles de ATP en las células tumorales y de este modo reduce su energía necesaria para la proliferación.

En los estudios científicos de hoy se dedica especial atención al uso de las sustancias naturales en los tratamientos de enfermedades malignas. La carnosina como un antioxidante natural pertenece a este tipo de moléculas, dado que ya está demostrada científicamente su actividad anti-cancerígena considerable in vitro e in vivo. Los estudios recientes han demostrado que la carnosina impide el desarrollo del cáncer de intestino grueso influyendo sobre el nivel de ATP en las células afectadas así como sobre la producción de las ERO (especies reactivas de oxígeno).

Suprimiendo el gen MMP9 la carnosina impide el desarrollo del cáncer de hígado.

La carnosina reduce los niveles de los PGA (productos de la glicación avanzada) que normalmente están aumentados en los estados cancerígenas.

La carnosina aumenta la eficacia de quimioterapeúticos como 5-fluorouracilo.

Reduciendo el estrés  oxidativo mitocondrial, la carnosina ralentiza el envejecimiento de las células que pueden producir el cáncer de ovarios.

Los efectos anti-cancerígenos de carnosina fueron descritos por primera vez por los científicos Nagai y Suda (1986). Mediante el procedimiento vía subcutánea  ellos trasplantaron el sarcoma – 180 células cancerígenas – a los cuerpos de los ratones de laboratorio. Un día después del traslado, les daban la carnosina vía subcutánea a unos 2cm de distancia de las células cancerígenas. El tratamiento con la carnosina (50mg/kg/día) se repetía cada dos días. Comparando los resultados de la carnosina y la solución fisiológica aplicada del mismo modo, se ha observado una reducción considerable del desarrollo del tumor en los ratones a los cuales se les administraba la carnosina. Desafortunadamente, estos experimentos no merecieron la atención de la comunidad académica, probablemente porque la investigación original no se había llevado en la lengua inglesa. Solo unos 20 años después, inspirados en la obra de Holliday y McFarland (1996), quienes descubrieron que la carnosina de manera selectiva inhibe el crecimiento de las células cancerígenas, Renner y los colaboradores en 2008 demostraron que la carnosina inhibe el crecimiento de las células cancerígenas aisladas del glioblastoma.

Según las expectativas la carnosina no debe mostrar efectos secundarios y ayuda a los pacientes sometidos a determinado tratamiento anti-cancerígena. Un ejemplo es la reducción del daño pulmonar durante la recepción de la radioterapia (Guney y colaboradores 2006). En general, la radiación ionizante todavía es un tratamiento altamente eficaz para distintos tipos de tumores y por eso se usa con tanta frecuencia. La formación de las ERO (especies reactivas de oxígeno) es una de las principales causas del daño de las células durante la radiación (Riley 1994). La carnosina protege las células y el tejido sano contra estos daños, debido a sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.